La fitoterapia moderna se basa en un tesoro compuesto por ciencia y experiencia, cuyos orígenes se remontan a miles de años atrás. La fitoterapia moderna está íntimamente ligada a la industria farmacológica. Los llamados “profesionales de la salud” pretenden reservarse la exclusiva sobre las medicinas naturales, fitoterapia incluida, y piden el cierre de los herbolarios, con el fin de que las hierbas se vendan únicamente en las farmacias.

Dentro de la fitoterapia moderna, se distingue entre medicamentos “tradicionales” y “racionales”. La diferencia radica en el nivel de investigación, documentación y supervisión (siguiendo las mismas directrices que los medicamentos sintéticos), que en el caso de los “tradicionales”, no se necesita. Los legisladores aplican las mismas directrices a los fitofármacos y a los medicamentos sintéticos. Ambos deben tener un efecto farmacológico demostrado, así como una eficacia clínica.

Como vemos, con el nacimiento de la fitoterapia moderna, entran en juego nuevos términos, más asociados a la farmacología y al saber médico que al uso que histórica y tradicionalmente han tenido los remedios  naturales a base de yerbas. También aparecen nuevas leyes que controlan la comercialización de las plantas medicinales como fitofármacos. A esto tenemos que unir el creciente interés de la población por las corrientes médicas y de salud venidas de oriente (India y China, principalmente), y con ellas sus nuevos productos: medicamentos ayurvédicos a base de plantas medicinales y complejas composiciones fitoterapéuticas aportadas por la Medicina Tradicional China. La lucha de los herboristas por permanecer en un mercado creciente, tomando las plantas y sus componentes, no sólo como “medicamentos”, sino como complementos nutritivos y alimenticios, para así burlar la legislación vigente.

Son diversas las leyes que se han puesto en marcha para la gestión y administración de los fitofármacos (medicamentos vegetales). No es mi pretensión adentrarme en este terreno, pero si quiero dejar dos reseñas legislativas importantes, en este sentido:

  1. Directiva Europea 2004/24/CE. Sistema simplificado de aprobación para los medicamentos vegetales tradicionales.
  2. Ley 29/2006. Garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. Este ley recoge dos aspectos interesantes, relacionados con las plantas medicinales, que quiero rescatar:
    • “Las plantas y sus mezclas, así como los preparados obtenidos de plantas en forma de extractos, liofilizados, destilados, tinturas, cocimientos o cualquier otra preparación galénica que se presente con utilidad terapéutica, diagnóstica o preventiva seguirán el régimen de las formulas magistrales, preparados oficinales o medicamentos industriales, según proceda y con las especificidades que reglamentariamente se establezcan”.
    • “podrán venderse libremente al público las plantas tradicionalmente consideradas como medicinales y que se ofrezcan sin referencia a propiedades terapéuticas, diagnósticas o preventivas, quedando prohibida su venta ambulante”.

Así las cosas, la industria dedicada a la transformación de plantas para uso en herboristerías, comenzó una carrera por acercar las hierbas al consumidor, aproximándose al concepto farmacológico de comprimidos, cápsulas, jarabes, extractos y otras composiciones. De este modo las personas consumidoras tienen más fácil el consumo de plantas y su gran parecido con los productos farmacológicos, elimina sospechas y dudas en los consumidores de su potencial terapéutico, sin que éste se ponga de manifiesto.

Las plantas medicinales se cultivan en producciones de monocultivo, en cualquier lugar del mundo y el interrogante que surge para los amantes de las plantas, las personas que queremos recibir los beneficios que éstas tienen para la salud ¿quién y cómo se controla la calidad de las plantas?¿estamos consumiendo productos biológicos y de calidad para la salud? A pesar de la lucha de ciertas organizaciones por hacer de nuestro planeta y de nuestra salud espacios para la dignidad, la industria, la comercialización, la sociedad de consumo, los intereses de mercado… prevalecen sobre los criterios de amabilidad para nuestra propia existencia y la existencia del planeta.

Con este trabajo, no pretendo invitar  al autodiagnóstico y la automedicación, por muy naturales que sean los productos que se consuman. Consulta a especialistas, infórmate de forma adecuada, valora las opciones para tu salud y la salud del planeta y luego toma las decisiones oportunas. La vida que más valor tiene no es la que dura más tiempo, sino la que está más llena de contenido. Acércate al mundo vegetal con respeto, con dignidad…; aprende de nuestras amigas las yerbas; úsalas corporal, emocional y racionalmente; pide permiso y prepárate para recibir toda la energía de curación que las plantas poseen. Por último, no te afanes por poseer una estantería llena de plantas medicinales, ni siquiera un huerto o jardín enorme de plantas medicinales y aromáticas. El reto que te planteo con este trabajo es que seas capaz de tener 

una sola planta, sentir como crece, comunicarte con ella, aprovechar sus recursos y su sabiduría naturales, cuidarla con amor, dedicarte tiempo para 

compartir junto a ella, hacerla partícipe de tus estados de ánimo, de tus emociones, regalar con el mismo agua que tu bebas, trabajar tu arte y tu inspiración con ella (píntala, hazla escultura, escribe sobre vuestra relación con pasión, mírala, improvisa una danza que te conecte con tu amiga…), ponle música, cántale, siente su energía, percíbela con todos tus sentidos despiertos…, pues aunque todo esto te pueda parecer locura, te puedo asegurar que no hay locura más sana.

Ángela Monet escribió: “Aquellos que no podían oír la música tomaban por locos a los que bailaban”.

Quizás tu yerba (planta) te ayude a reconocer tu auténtico viaje. “El auténtico viaje de la vida es el que realiza el corazón hacia su hogar”. Stuart Avery Gold. Ping, una rana en busca de una nueva charca.