Los truenos estaban ocupados dando vida a nuevas nubes y enviándolas a bailar en el patio azul del cielo. El Abuelo sol proyectó sus brillantes rayos, y las recién nacidas Nubes saltaron a la comba.

Una de las nubecitas más curiosas se alejó con el viento. Decidió que iba a tener una charla con la Montaña Sagrada.

<Abuela Montaña, he venido a preguntarte si tus bosques necesitan lluvia hoy – dijo -. Quiero ser útil y por eso pensé que sería mejor saber qué es lo más necesario.>

La Montaña Sagrada le dijo a la nubecita que había suficiente humedad, pero que podía ayudarla de otra manera. La Montaña Sagrada enseñó a la nubecita cómo entender los pensamientos y las preguntas de los seres humanos. Era divertido para la nubecita captar las preguntas de los humanos procedentes de la Tierra y contestarlas adoptando formas que representaban una serie de ideas. Las respuestas requeridas se hallaban relacionando estas ideas.

La nubecita se acercó a la Montaña Sagrada, al final del día, con otra pregunta que le causaba pesadumbre: <Abuela Montaña, he trabajado todo el día reflexionando sobre respuestas útiles para la Tribu Humana, pero ahora tengo una pregunta muy importante: ¿Cómo podemos conseguir que miren hacia arriba y presten atención?>.

Jamie Sams

La Medicina de la Tierra