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Mis Amigas las Yerbas. Cuentacuentos

Cuéntame un cuento, dulce Madre,

de los antepasados y sus días, 

de cómo Caminaron con Belleza,

aprendiendo los Caminos de la Medicina.

Cuando tú relatas los cuentos,

puedo ver

la importancia de cada lección

y cómo puedo aplicarlas a mí.

Mediante el ejemplo de otro,

comparto la risa y las lágrimas.

Mediante la experiencia de otro,

aprendo cómo el amor puede conquistar el miedo.

Juntos podemos viajar

por esos tiempos remotos,

reclamando toda la sabiduría

de los legados que quedaron atrás.

Jamie Sams

La Medicina de la Tierra

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Mis Amigas las Yerbas. Reflexiones en la Nación del Cielo

Los truenos estaban ocupados dando vida a nuevas nubes y enviándolas a bailar en el patio azul del cielo. El Abuelo sol proyectó sus brillantes rayos, y las recién nacidas Nubes saltaron a la comba.

Una de las nubecitas más curiosas se alejó con el viento. Decidió que iba a tener una charla con la Montaña Sagrada.

<Abuela Montaña, he venido a preguntarte si tus bosques necesitan lluvia hoy – dijo -. Quiero ser útil y por eso pensé que sería mejor saber qué es lo más necesario.>

La Montaña Sagrada le dijo a la nubecita que había suficiente humedad, pero que podía ayudarla de otra manera. La Montaña Sagrada enseñó a la nubecita cómo entender los pensamientos y las preguntas de los seres humanos. Era divertido para la nubecita captar las preguntas de los humanos procedentes de la Tierra y contestarlas adoptando formas que representaban una serie de ideas. Las respuestas requeridas se hallaban relacionando estas ideas.

La nubecita se acercó a la Montaña Sagrada, al final del día, con otra pregunta que le causaba pesadumbre: <Abuela Montaña, he trabajado todo el día reflexionando sobre respuestas útiles para la Tribu Humana, pero ahora tengo una pregunta muy importante: ¿Cómo podemos conseguir que miren hacia arriba y presten atención?>.

Jamie Sams

La Medicina de la Tierra

Diente leon Eva Ku

Mis Amigas las Yerbas. Espacio Sagrado

Nuestros hermanos los árboles, nuestras amigas las yerbas, nuestros maestros los animales… todo cuanto se mueve y vive, quieren enseñarnos bellas lecciones, para que seamos capaces de recuperar los espacios sagrados, las relaciones e interacciones de todo cuanto está unido por el gran misterio de la alquimia de aire, agua, tierra y fuego.

Actualmente, el saber de antaño está muy disperso y las pocas personas que lo poseen aún se resisten a transmitirlo por miedo a parecer atrasados/as. Nos compete a nosotras reconstruir los huecos que se han perdido en la cadena de transmisión, tomando las enseñanzas generales como abanicos de posibilidades de conocimiento e investigación, aventurándonos a experimentar, tomando las precauciones necesarias para no caer presas de nuestra propia ambición… Aprender de nuevo a escuchar nuestro cuerpo para conocernos mejor y después volver a sumergirnos suavemente en el universo vegetal, un vasto universo del que es imposible conocer todo, y del que cada persona ha de aprender para sí.

Para alcanzar la salud nos vemos expuestos a considerar la enfermedad, no como un síntoma que tengamos que eliminar a toda costa, sino como una señal de que algo no funciona bien, una señal de atención para aprender de nosotros y nosotras, escucharnos y cuidarnos. Cuando escribo esto me pregunto ¿escucharnos?¿acaso alguien nos enseño a hacerlo? Este es un aprendizaje personal, pero bien nos habrían servido unas cuantas lecciones y herramientas para alcanzar este sentir, este saber… que más bien fuimos desaprendiendo a lo largo de nuestras etapas de crecimiento y desarrollo, en que tanto la familia como la escuela, la religión o la sociedad, se encargaron de anular o trabar en pos del sueño del mundo*, un sueño cada vez más tendente a su desnaturalización, al alejamiento de nuestras capacidades sensoriales y sensitivas, al bloqueo de nuestras necesidades de investigación, experimentación y descubrimiento…; con un panorama así no es de extrañar que hayamos perdido de vista el objetivo de nuestro viaje, en pos de alcanzar la meta; metas, que al sentirlas alcanzadas se vuelven insatisfactorias y cada vez menos apetecibles. Así, pues, en el camino de la salud: la enfermedad, no es el enemigo, es la respuesta. Escuchemos qué nos quiere contar, para qué me hago su aliado/a, cómo salir de ese lugar de dolor… y utilicemos nuestra capacidad de relacionarnos con nuestras Amigas las Yerbas para recobrar la salud perdida.

* Los Cuatro Acuerdos. Dr. Miguel Ruiz

Espacio Sagrado

“Las criaturas del bosque estaban hablando unas con otras, conversando con las plantas, cuando un anciano y una chiquilla empezaron a caminar por el sendero que llevaba al prado. Todo el mundo se dio cuenta de que estos humanos eran reverentes… Esta conducta silenciosa y respetuosa hizo felices a los Familiares del bosque, porque mostraba que algunos humanos entienden y honran los Espacios Sagrados de otras formas de vida. Cuando los dos humanos llegaron al prado, la chiquilla preguntó a su Abuelo si había tratado a los Espacios Sagrados convenientemente. El Abuelo afirmó, sonriendo, que estaba muy satisfecho de su buena conducta. La pequeña preguntó entonces a su Abuelo dónde estaban los Espacios Sagrados. Después de pestañear para disimular unas lágrimas de ternura en sus ojos, dijo: Pequeña, el Espacio Sagrado de cada ser vivo está entre la inspiración y la espiración. No siempre podemos ver sus límites exteriores, pero el centro de su existencia anida en el espacio entre dos latidos del corazón”

Jamie Sams

La Medicina de la Tierra

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Mis Amigas las Yerbas. Recolectar hierbas

En esta entrega de hoy, os traigo un texto para la reflexión de Jamie Sams. Si os apetece podéis dejar vuestros comentarios.

Recolectar Hierbas

“Para recoger las hierbas curativas que utilizaba en sus remedios, la Mujer de la Medicina se levantaba antes del alba y recitaba sus oraciones de la mañana, dando las gracias por el día. Cuando los primeros rayos de luz solar tacaban las plantas, se dirigía ala planta más grande de aquella variedad y le pedía permiso para tomar sólo lo que necesitaba. El Jefe Planta podía dar o negar el permiso hablando al corazón de la mujer. Si se concedía el permiso, ella pasaba por delante de las primeras siete plantas sin tomar nada, con la intención de dejar bastante para las siete generaciones siguientes.

A cada planta que se acercaba, le pedía su poder curativo. Si le negaba esa petición, se iba a otra planta, y sólo tomaba aquellas que querían dar su fuerza vital para ayudarla a elaborar sus remedios curativos de hierbas. En aquellas horas de la mañana, cuando el rocío aún no se había evaporado, la fuerza vital de la planta estaba en su puto más elevado. Recolectar más tarde, bajo el calor del día, significaba menos fuerza vital para sus remedios.

El respeto de la Mujer de la Medicina por la Tribu de las Plantas y la buena voluntad de las plantas para ayudar al género humano nos permiten entender por qué esos remedios tenían una Medicina tan fuerte. Trabajar con el fluir armonioso de todas las cosas del mundo natural es la manera en que la humanidad puede acceder a soluciones más inteligentes, tomando y utilizando menos”.

Jamie Sams

La Medicina de la Tierra

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Conocimiento Antiguo

“La sabiduría de los Antepasados 

flota en los mares, 

anida en los bosques, 

y está entre los árboles. 

Esta antigua forma de conocimiento 

crece en medio de las arenas, 

esperando que la raza humana 

aprenda de la tierra. 

Allí, entre susurros 

de criaturas, piedras y viento, 

la sabiduría de los Antepasados 

espera para ofrecer amistad a 

cualquier buscador humano que 

quiera hallar el camino, 

honrando la antigua sabiduría 

a través de las acciones realizadas hoy”

Jamie Sams

La Medicina de la Tierra